"Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordas y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre."
La luz anaranjada cubría la ruta. Mientras, el sueño comenzaba a ganarle la pulseada a la vigilia. Y mi mente repasaba la discusión con Jazmín.
Siempre era más de lo mismo. Era tropezar con la misma piedra… con la misma rama… o lo que fuera. Ya me estaba cansando de los amores. Saltar, rodear, patear, nada evitaba quitar ese obstáculo. Cada paso que doy, sea en la dirección que sea, terminaba con el mismo resultado. Solo me queda esperar a la correcta. Pero yo no espero, no puedo. Yo busco. Y ahora busco a mi viejo. Donde sea que esté.
¡Como pesan los párpados! Tal vez un poco de música me ayude un poco. Sintonicé la radio en la primera estación que pasara algo que no fuera estática, con la intención de que me ayudara a despertar. Pero solo los acordes de “Seasons in the Sun” de Terry Jacks comenzaron a sonar en los parlantes de mi Fiat. “Genial, ahora solo me falta una nueve milímetros y me puedo volar la cabeza en paz”… es sorprendente como la música puede someter nuestro humor a los caprichos de unas pocas notas… como una melodía pegadiza y aguda puede hacernos sonreír, o un tema cargado de melancolía, arrastrarnos a la más profunda depresión conocida por el corazón.
WE HAD JOY, WE HAD FUN, WE HAD SEASONS IN THE SUN
BUT THE HILLS THAT WE CLIMBED WERE JUST SEASONS OUT OF TIME…
Las reflexiones no cesaban y la somnolencia ganaba la batalla. El sol en el horizonte bañaba el habitáculo de mi auto con su cálida luz. La música lentamente me relajaba.
GOODBYE MICHELLE, MY LITTLE ONE
YOU GAVE ME LOVE AND HELPED ME FIND THE SUN
AND EVERY TIME WHEN I WAS DOWN
YOU WOULD ALWAYS COME AROUND
AND GET MY FEET BACK ON THE GROUND
Y la vi. Estoy seguro. Yo vi la piedra. Pero… no era una piedra. Las piedras no se mueven. No tienen patas ni pecho blanco…
Las ruedas quedaron estáticas, pero el bólido seguía a velocidad constante.
¿RECORDÁS? VELOCIDAD CONSTANTE QUIERE DECIR QUE LA ACELERACIÓN ES NULA.
SI LA ACELERACIÓN ES NULA, NO VAS A FRENAR. VAS A CHOCAR.
YA ES TARDE. YA PERDISTE. ESOS OJOS NO TE LO VAN A PERDONAR. SON COMO LOS DE ELLA.
ELLA Y VOS ERAN DEMASIADO INCOMPATIBLES.
PERO CERRÁ LOS OJOS Y DALE UN BESO. NO, YA NO, YA PERDISTE. Y SABÉS QUE ESOS OJOS NO TE VAN A PERDONAR.
YA ES DEMASIADO TARDE.
CERRÁ LOS OJOS Y PREPARATE PARA LO PEOR. ¿ACASO TE QUEDA ALGO POR LO QUE VIVIR?
Violentamente, volanteé hacia la izquierda. Pisé el pasto. El auto comenzó a torcerse, mucho… mucho… más de lo que quisiera…
YA ES DEMASIADO TARDE. ¿VISTE? SUS OJOS SON COMO LOS DE ELLA.
PERO AHORA PREPARATE PARA LO PEOR. PERO NO TE OLVIDES DE ESA MIRADA…
¡¡No te vuelques!! No, por favor… Y entonces, milagrosamente, obediente y fiel, se detuvo. La bolsa de tierra que se generó me ocultó por unos instantes, mientras mi respiración, completamente desajustada, trataba de recuperar su ritmo habitual. El corazón parecía querer salir de mi pecho. “Perdón 128. Perdón y gracias…”
La tierra comenzó a disiparse. Miré hacia la ruta y lo vi intacto. Gracias al cielo. Bajé lentamente del auto y caminé hacia él, con precaución para no espantarlo.
Aunque si no se había espantado con lo que pasó recién…
Echado sobre el pavimento, me regalaba la mirada más triste que pudiera haber visto en mi vida. Descubrí, no sin sorpresa, que mi visión no había sido producto de mi imaginación subjetiva y surrealista. Esos ojos marrones eran demasiado parecidos a los de Jazmín. Me estremecí de solo pensarlo.
Reparé en que movía su rabo con miedo, con vergüenza. Y entonces reparé también en su pata… “Uy bonito… ¿qué te pasó?”. Jadeaba. ¿Tendría sed?. Lo acaricié en la cabeza. Es hermoso. Tiene el pecho blanco así como la punta de sus patas traseras. Las orejas hacia atrás. Tiene miedo. No debe tener más de 3 años. Comienza a lamer mi mano. No puedo dejarlo así. Con precaución, trato de alzarlo. Espero que no muerda. No lo hace. Es muy manso. Está muy débil. Recordé que mi mamá me había enseñado como entablillar patas de perros. Amaba los animales. Y esas ganas de llorar de nuevo, la puta madre…
Lo dejé en el asiento de atrás con cuidado, mientras gimoteaba. Estaba demasiado flaco. Busqué un poco de agua en el baúl del auto. Siempre llevaba agua porque con los fierros nunca se sabe que vas a necesitar… Tomé el culo de una botella cortada y la llené con el agua.
Tenía razón, estaba sediento…
“¿Vos vas a ser mi razón para vivir?” pregunté, sarcásticamente, al animal. Entonces dejó de tomar agua, me miró y ladró. Atónito, me quedé mirando largamente como volvía a tomar agua. Me estoy volviendo loco. No me pudo contestar… o sea, es un perro…
No lo puedo dejar así. Lo entablillé. Pero no parecía ser grave. De hecho, no se quejó siquiera. Busqué algo de comida de la guantera… un par de galletita… y bueno, es lo que hay. Estaba muerto de hambre. Pobrecito.
¿Y cómo te voy a poner? Pensé unos momentos…
“Libertad. Así te vas a llamar”. Y, nuevamente, como si el perro comprendiera, levantó la mirada y repitió el ladrido.
Definitivamente, me estoy volviendo loco. Basta de huevadas. El sueño te tiene mal y el perro no te entiende. Mejor me acuesto a dormir un rato. Salir a la ruta así es una locura.
Lentamente, corrí el auto hasta llevarlo a la sombra de unos sauces que crecían a la vera del camino. Busqué el parasol, lo ubiqué en su posición, revisé al perro (que se había convertido en un ovillo y dormía plácidamente), apagué la radio (pura estática) y me dispuse a descansar un rato. Ya no me sentía tan solo. Gracias Libertad.