NOTA

Es muy importante tener en cuenta que para poder entender de manera correlativa los hechos puede ser necesario respetar el orden de salida de las notas desde la mas vieja a la mas nueva. De ésta manera, se podrá armar la historia de manera mas coherente. Sin embargo, ésta es una humilde recomendación del redactor que queda sujeta a la aceptación del lector.

Enjoy!

25.11.10

Capítulo 20


"Todo lo que el hombre hace a los animales, regresa de nuevo a él. Quien corta con un cuchillo la garganta de un buey y permanece sordo ante sus bramidos de temor, quien es capaz de matar impávido a un atemorizado cabrito y se come el pájaro, al que él mismo ha alimentado… ¿Cuán lejos está del crimen un hombre así?"
Pitágoras

Afuera el cielo estaba cubierto y oscuro. Libertad hace días que pasa las horas inmóvil, con los ojos vidriosos y la mirada perdida. Juraría que mira recuerdos, memorias del pasado, pero creo que ese soy yo. Sentado en el piso junto a mi mascota, en la puerta del la carpa de oficiales del ejército, no dejo de rememorar un solo detalle de la locura en la que se transformó mi vida en este último año. Alcanzo una vez más el cigarrillo a mis labios y nuevamente siento el pequeño tirón en la piel de mi hombro. Siete puntos fue el saldo de aquel balazo que recibí en la batalla del Puerto. Aquella nefasta batalla en la que algunos ganaron y otros perdieron. Donde ganamos una batalla perdida, comenzamos una contraofensiva impensable y arrastramos al enemigo directamente a las puertas del Infierno. En la que también perdimos. Perdimos amigos, hermanos… padres… Perdimos generales, capitanes, comandantes y cientos de soldados capaces y dignos. Perdimos héroes. Perdimos jóvenes. Algunos perdieron la cordura. Otros perdimos nuestra humanidad. La mayoría perdió la misericordia. Unos pocos perdieron sus miedos y otros los encontramos.
Cierro los ojos y los recuerdos surgen de un torbellino en mi mente. Las imágenes se entremezclan sin orden ni sentido, despertando sentimientos tan dispares y simultáneos como confusos. La imagen de mi padre alcanzado por las balas, los mates en el galpón con Guillermo, la madrugada que encontré a Libertad, el impacto del mortero donde perdí a mi compañía entera, la sonrisa de Jazmín, el fuego del Napalm y la sangre de mi madre. Recuerdo la noche del ataque a Sunchales, ese fatídico día de verano de 1986, como si hubiese sido ayer. Recuerdo cuando Guillermo me explicó que aquel ataque fue el peor error que cometió la OTAN en la ofensiva sobre el país, y su analogía con la plastilina, que cuanto más se estira, mas se afina, tal como le sucedió al ejército inglés. Muchas teorías dijeron que ese ataque fue un intento de cortar el abastecimiento de municiones a la cuidad de Santa Fe, interviniendo las vías del ferrocarril. Yo creo que todo se relacionaba más con el campo de entrenamiento militar soviético del que nadie se anima a hablar.
Exhalo el humo del cigarrillo lentamente, pero entre el flujo turbulento del resultado de la combustión del tabaco observo que una motocicleta se acerca. Bastante extraño teniendo en cuenta que son las 5 am del 25 de Diciembre de 1987. Pero es tiempo de paz... Gracias a nuestros generales recientemente designados como representantes del Nuevo Estado Mayor...
A pesar de las objeciones de muchos, el Nuevo Estado Mayor declaró una tregua entre el 23 y el 1ero en conjunto con la OTAN, una acción descabellada para mi gusto, estúpida desde lo estratégico e ilusa desde lo militar. ¿Tregua? No es más que darle la chance a los ingleses de rearmarse. Milicos políticos de mierda, como si las infelices almas de los que dieron sus vidas en éstos años fueran a descansar en paz por una puta ceremonia en su memoria, o si sus corazones dejaran de estar inquietos gracias a que los que aún viven pueden emborracharse hasta no poder quedar en pie celebrando una Navidad horrible en medio del monte santafesino, con una copa en una mano y un fusil en la otra. Son el conjunto de militares más inoperante que conozco. Ellos se merecerían estar en el frente peleando… hijos de puta…
La motocicleta avanzaba con dificultad entre la tierra, que además de encontrarse blanda por la lluvia que se precipitó unas horas atrás, estaba llena de huellas producidas por las divisiones mecanizadas.
Cuando la motocicleta estaba a unos cincuenta metros, tomé mi FAL, tiré en cigarrillo, apunté con mi reflector de mano al vehículo y di la voz de alto. La motocicleta se detuvo, derrapando hacia un costado. Llevaba una bandera blanca atada y el escudo de Gran Bretaña pintada a un costado del tanque de combustible… Inmediatamente solté el reflector y apunté con el FAL, sorprendido y asustado. Eran dos. Ambos levantaron las manos en alto “¡Venimos en paz!” gritó uno con un fuertísimo acento inglés. Bajé lentamente el rifle, al tiempo que ellos descendían de la moto. Lentamente tomaron un paquete que llevaban en una de las valijas portaequipaje: era una caja blanca con moño rojo. Se acercaron lentamente hacia mí, dejaron la caja en el suelo, a unos quince metros de donde parado y dijeron con voz fuerte unas palabras en un español paupérrimo:
-“Feliz Navidad. Es un obsequio de la Corona, señal de paz y humanidad con los argentinos”-
-“Llevatelo, no queremos nada de ustedes.”- respondí, con voz fuerte.
-“Pero, es buena fe. Ser un postre de paz”- abrió el paquete, dejando ver una torta bastante apetitosa a la vista.
-“Me importa un carajo que sea un postre de paz y prosperidad con chispitas de chocolate. Llevátelo y metételo en el orto”- grité.
Pero, haciendo oídos sordos a mi orden, los visitantes se estaban retirando. A mi lado escuché que Libertad se paraba y comenzaba a gruñir. Eché una ojeada a su pelaje negro que brillaba, erizado completamente mientras que el gesto de su boca dejaba a la vista sus dientes. Nunca lo había visto así y realmente me daba algo de miedo su reacción. Entonces levanté la vista para ver que la motocicleta, que se alejaba a toda velocidad emulando el camino con el que había llegado. Y comprendí que todo era una trampa más que obvia. Levanté el FAL apuntando hacia la motocicleta, dando nuevamente la voz de alto. Mientras tanto, distinguí una mancha negra que pasaba a toda velocidad a mi lado. Libertad hundió su hocico en el pastel y arrancó de su interior un objeto negro que no llegué a distinguir, pero dadas las circunstancias era imaginable que era. Grité para que volviera, pero sin darle respuesta a mi alarido, comenzó a correr desesperadamente hacia las afueras del campamento mientas yo permanecía completamente inmóvil sin saber qué hacer. 
Todo fue en unos segundos.
Y así, ante mi sorprendida mirada, aquel perro negro demostró que el valor y la entrega no es solo una característica inherente a los seres humanos. Porque si la lealtad es la máxima expresión del amor sincero, al punto de entregar la vida por el ser amado, Libertad me demostraba a cada zancada desesperada con la que se alejaba, que un animal es capaz de amar tanto o más que un humano. Y quién diga lo contrario no sabe lo que es amar.
El estruendo despertó a todo el campamento. La bomba hubiera sido capaz de matar a toda la cúpula de oficiales de la II Brigada del Ejército. Y de ésta manera, Libertad pasó a ser un nombre más dentro de la lista de héroes anónimos que probablemente nunca lleguen a ser reconocidos, pero que siempre habitarán en los corazones de quienes conocieron la grandeza de sus actos.
Solo que ésta vez, yo mismo me aseguraría que su sacrificio sea debidamente pagado. Sea como sea.

21.11.10

Capítulo 19


"La penicilina se descubrió por casualidad, el Napalm no."
Jaume Perich

-¡¡VIVA LA PATRIA CARAJO!! ¡¡GLORIA O MUERTE MUCHACHOS!!- Mi grito enfervorizado, cargado de adrenalina, bronca y pasión, buscaba desesperadamente alentar a los muchachos que montaban sobre sus cabezas orgullosamente aquellos antiguos cascos M-1, vestían ropas de denim gastado y sucio y respondían fielmente a mis órdenes. -¡¡VAMOS MIS SOLDADOS DE HIERRO!! ¡¡DEFENDAMOS A LA REPÚBLICA MIERDA!!-
En el frente combatimos encarnizadamente el fuego inglés, mientras una y otra vez nos vemos obligados a retroceder, fallando en nuestro intento desesperado de mantener nuestras posiciones y retener la soberanía sobre el Puerto. El fragor de la batalla se hace cada vez más envolvente, cada vez más intenso y el enemigo nos está haciendo trizas, de a poco, como si los disfrutara, como si gozara de ese placer morboso. Pero necesitamos mantener la posición sobre el puente, sino, todo nuestro esfuerzo será en vano... Por el momento podemos oponerle una dura, tenaz y sangrienta resistencia… ¿Por cuánto tiempo más?
- TENEMOS QUE REPLEGARNOS YA, YA, YA- le aúllo a mi Subteniente. Entonces oigo un nuevo zumbido cerca de mi cabeza; una bala me susurra al oído el llamado de la muerte. Pero ésta vez no fue gratis. La quemazón se empezó a extender por todo mi hombro izquierdo. Llevé mi mano derecha a la zona de la quemazón. Lo toqué y luego miré mi mano, teñida de rojo. Estaba herido, pero no era grave, aún podía mover el brazo.
Explosión. Otra más. Todo se llenó de arena cuando las esquirlas desgarraron los bolsones que nos servían de contención. Los morteros no nos dejan salir de los pozos de zorro. Un poco más a la derecha, nuestra MAG no para de vomitar fuego mientras arroja rondas y rondas de proyectiles 7.62 contra las líneas enemigas, una y otra vez, certera y mortalmente. Miré la caja de municiones. Quedaban apenas 2.  “Mierda” pensé… a este ritmo, en 20 minutos nos van a destrozar. -¿¿Y EL APOYO AÉREO??- reclamo, desesperado al operador de radio. –MENOS DIEZ MINUTOS Y CONTANDO- fue la respuesta.
El polvo de las explosiones no me deja ver con claridad y el calor del FAP con el que azoto las filas enemigas me hace sudar. -FUERZA SOLDADOS ¡PATRIA O MUERTE!- vociferé firme y virilmente. Disparo una nueva ráfaga que alcanza a un soldado británico a lo lejos. Cae muerto en el instante. De reojo, miro a mi izquierda. Agachado, cubierto por un camión volcado, distingo a mi viejo. Hace un gesto. ¿Es a mí? Si, es a mí. Levanta su brazo con la palma abierta y lo mueve repetidas veces de adelanta hacia atrás. Cierra el puño y sin bajar el brazo lo mueve de arriba hacia abajo. Vení rápido.
-CABO, TOME MI POSICIÓN INMEDIATAMENTE-  El cabo primero Dominguez, que responde con vehemencia al fuego enemigo acata inmediatamente a la llamada -LO CUBRO SEÑOR- dijo y sin más, tomó el FAP y continuó con la odisea. El objetivo: No retroceder, no ceder ni un metros más de lo que hemos avanzado. Esa es nuestra premisa fundamental, el pilar de nuestro orgullo, aún cuando el cálculo dice que nos deben superar en 15 a 1. Pero son demasiados y creo que no vamos a resistir un ataque frontal. Dónde mierda está el apoyo aéreo…
Tomé mi FAL y comencé a correr de forma desesperada, semi agachado, a campo través, directo hacia donde se cubría mi padre. Sentía el polvo que levantaban los impactos de bala contra el suelo y los zumbidos de los proyectiles que buscaban enterrarse en mi cráneo. En el brazo izquierdo comenzaba a sentir un hormigueo... Creo que la herida es mas grave de lo que pensé.
Trastabillando, me puse a cubierto en un cráter del concreto e intenté retomar el aliento. Faltaban unos pocos metros… BROOMM! Una nueva explosión. Pero ésta vez fue exactamente donde me encontraba segundos atrás, donde se encontraban mis soldados…
-¡¡DIOS MIO!! ¡¡HIJOS DE PUTA!!- Mi mente queda en blanco, el mismo blanco de la nube de polvo que lo cubre todo, todo lo que era y que ahora… ahora es nada... pero ahora nada me importa más que esos chicos, esos chicos que necesitan auxilio ahora –¡¡¡NECESITAMOS AUXILIO AHORA!!!- Ahora, en éste instante. Aunque ya no haya nada que hacer. Aunque sepa que estan todos muertos. Todos.
Rogando por el milagro, comenzé a correr de nuevo hacia donde estaban como alma que lleva el Diablo al más oscuro de los Infiernos… aunque sospecho que el Diablo se encargó de traernos el Infierno a la Tierra. Cuesta imaginarse ahora algo peor.
Sin embargo, la realidad supera a la imaginación, y cuando todo parece que no puede empeorar, cuando parece que no hay nada que perder, cuando ya no hay nada que cambiar... es cuando mi padre grita desgarradamente, cuando volteo y distingo el casco del Capitán García que vuelta por los aires al tiempo que el rostro de su portador se tuerce en una mueca horrorosa, cuando su torso estalla, alcanzado por un proyectil de un 30mm, provocando que todo a su alrededor bañe de sangre, dejando solo retazos de un cuerpo que se desploma sobre la banquina de la Ruta Nacional Nº1 y un hijo atónito, que observa como impunemente el pequeño helicóptero Scout que emitió el disparo huye en búsqueda de la un nuevo blanco.
-¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!- mi corazón se desangró en ese alarido desmedido, lleno de incredulidad y estupefacción, mientras me lanzaba  a la carrera hacia el cuerpo destrozado de mi padre.
La sangre brotaba de su boca, el estómago ya casi no existía y las convulsiones atroces hacían de su agonía una última tortura, tal vez la peor. Caí de rodillas a su lado, me quité el FAL del hombro y lo arrojé a un costado. Observé a mi agonizante progenitor que me miraba y balbuceaba. Distinguí algo de lo que me decía:
–…te amo hijo. Defendenos…-
Entonces, con último estremecimiento que se extendió por todo su desgarrado cuerpo, expiró.
Miré al oficial más cercano y levanté mi mano, con el puño cerrado y el índice extendido, haciendo círculos en el aire. Retirada inmediata al próximo Punto de Contención. Estábamos perdidos.
Y se sucede el milagro: el suelo comienza a temblar, los tiros cesan y el inconfundible sonido de las turbohélices de los IA-58 Pucará suena sobre el campo de batalla como una fanfarria triunfal, acompañada por los atronadores estallidos de la carga explosiva que lanzan uno a uno sobre el enemigo, diezmándolo… replegándolo… destrozándolo... Los alaridos desesperados y el olor a carne quemada, fruto de la combustión del Napalm, se combinaban para brindabar un terrorífico espectáculo de muerte. Pero es tal lo que se merecen.
Esto es la guerra. Y recién comienza. Santa Fe no va a caer, así como tampoco la Nación Argentina. Te lo juro papá. Te lo juro.

20.11.10

Capítulo 18


"Sorprendernos por algo es el primer paso de la mente hacia el descubrimiento"
Louis Pasteur

Esa misma noche decidió ponerse en marcha.
La casa sobre la calle Nuñez, en Villa Urquiza, denotaba cierto abandono que, en complicidad con la noche, provocaban que la situación en la que se encontraba fuera de lo más tétrica. Se acercó a la puerta desvencijada del inmueble y, luego de corroborar la ausencia de cualquier testigo indeseado, forzó la cerradura con su navaja Suiza.
La puerta se abrió con un chirrido. Adentro, todo estaba embebido en el seno de un mar de sombras. Se maldijo a si mismo por no haber traído al menos una linterna, mientras trataba de entornar los ojos en búsqueda de un bendito interruptor en las paredes.
Finalmente, logró dar con la llave de luz y, al activarla, la lámpara incandescente reveló ante sus ojos un estudio lleno de papeles y notas por doquier. Cerró la puerta y descubrió que, en el portallaves se encontraba el llavero de la casa… ¿Tendría su padre dos juegos de llaves? No tenía mucho sentido. Sobre todo cuando uno sale a comprar la cena… Recordó que los médicos le habían dicho que la autopsia había revelado que el aneurisma se desencadenó en el camino hacia el mercado. ¿Pero como habría salido de su casa si las llaves estaban en el llavero? Observó la puerta y notó que el estilo del marco no coincidía con el de la puerta. Como si la hubieran cambiado…
Sacudió su cabeza, intentando dejar de concentrar su atención en nimiedades y se focalizó en el enjambre de papeles tirados por doquier. Con suerte, la respuesta a sus preguntas las encontraría allí.
Los recortes de diarios con notas en los márgenes eran los más abundantes. Tomó la primera del montón. Pertenecía a “La Nación”, de junio del año 1991... No muy antiguo. Leyó el titular:

“OPERATIVO ALGECIRAS: El comienzo de la Guerra del Sur.”

“El momento: Madrugada de Junio de 1982. El lugar: Estrecho de Gibraltar. Dos buzos tácticos se sumergen en las profundidades del Mar Mediterráneo cargados con minas submarinas de origen italiano (1) y con un objetivo claro: Atentar contra una de las potencias marítimas más importantes del Siglo XX directamente en el centro de su orgulloso pecho.
Horas después, cuatro de los buques que patrullaban las inmediaciones del Estrecho estallaron en cientos de pedazos, dejando como saldo la muerte de 534 miembros de la Marina Real Británica.
La Junta Militar se desligó de la responsabilidad sobre el hecho de manera oficial, sin embargo, la OTAN determinó que la acción no podría pasarse por alto (2) y Gran Bretaña puso en marcha el comienzo de la Guerra del Sur con el bombardeo sobre la Ciudad de Buenos Aires.
La Operación, planeada espontáneamente semanas atrás por la Junta Militar, debió lidiar con la carga de la improvisación (3) y la falta de preparación a la que se vieron sometidos sus artífices. Incluso se especula hoy día que aquellos buzos tácticos eran nada más y nada menos que ex-Montoneros sobornados o arrepentidos.(4)[…]”

El texto continuaba planteando mitos y verdades conocidas sobre la fatídica Operación que desencadenó en uno capítulos mas crueles de la historia de la República Argentina. Se detuvo sin embargo a observar los comentarios en los márgenes de la nota y las frases subrayadas. Notó que estaban numeradas:

1) Las minas a las que hace referencia son de Italia. ¿Cómo llegaron?
2) Registros de reuniones emergencia OTAN Junio 82. Sería interesante
ver las posturas de los países… habrá sido como lo relata el texto?
3) Se contrapone. Improvisación pero éxito!… El MI6, la CIA, el servicio secreto de Franco… ¿nadie se enteró de nada? No tiene sentido…
4) Los buzos. Investigar. Nicoletti y “el Marciano”

Repasó con la mirada los demás documentos. Evidentemente era la recopilación de toda la evidencia que juntó su padre durante su investigación. Clavó sus ojos en un libro de lomo marrón con su tapa en dorado. Se acercó para leer mejor el título: “Logias Latinoamericanas”. Estupefacto por el descubrimiento, tomó el libro sin poder sentir curiosidad acerca de como las logias latinoamericanas, cuyo rol fue indiscutidamente fundamental y relevante durante la Guerra de la Independencia, en los albores de nuestra nación, se relaciona con el último conflicto bélico del Siglo XX… 150 años después, en una guerra completamente distinta… ¿Podría ser posible que las Logias se las arreglaran para volver a inmiscuirse? ¿Qué era lo que había descubierto su Padre? ¿Podría ser tan importante como para dejarlo en peligro de muerte?
Miró nuevamente las llaves colgando del portallaves… ¿Guillermo Roa había muerto de a causa de un accidente cerebro-vascular o había muerto siendo cazado por su propia presa?
Como si decirlo en voz alta ayudara a descubrir la verdad, las palabras brotaron de su boca... “Papá… ¿Fue un accidente o un asesinato?”

16.11.10

Capítulo 17

"Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era."
Franz Kafka


Giró el picaporte de su casa, empujó la puerta e ingresó a su hogar. Prendió la luz del living, mientras se quitaba la ropa mojada y secaba sus pies. Su pequeña perra festejaba animadamente su retorno. La ansiedad por leer la carta le carcomía las entrañas, pero mantuvo la compostura.
Luego de cambiarse y saludar a su mascota, decidió finalmente saciar su curiosidad. Abrió la carta.

“Estimado Samuel:
            Se que ha pasado mucho tiempo, pero imaginarás que las circunstancias no hacían viable un contacto contigo antes. Recientemente he vuelto al país de mi exilio obligado en España y quería compartir contigo los resultados de la investigación que emprendí luego de que la curiosidad me embriagara, consecuencia de los datos que tú me brindaste acerca de tu pueblo natal y aquel poco común campo de entrenamiento que me nombraste.
            Sin embargo, creo que me estoy adelantando a los hechos. Comenzaré mi relato desde el último día que compartimos en Santa Fe. De seguro mi ausencia no pasó inadvertida para ti y el grupo de mecánicos, pero, conociendo lo astuto que eres, debe haber sido llamativo para ti que mis superiores no tardaron en encontrar un reemplazo, sin siquiera inmutarse por mi ausencia. La razón fue consecuencia de que esa noche, cuando tú te fuiste, comencé mi investigación de manera más incisiva, y, al igual que tú, violé el Estado de Sitio en pos de mis averiguaciones.
            Tenía unos conocidos entre los más altos oficiales del ejército que podrían brindarme respuestas interesantes a preguntas interesantes. Y gracias a tu información, las tenía. Pude ubicarlos rápidamente, pero fui víctima de mi propia emoción y ansiedad, hablé por demás y terminaron por mostrarse muy interesados en conocer la fuente de mis datos. Recuerdo que terminaron por usar métodos muy poco ortodoxos para tratar de obtener esa información, aunque me mantuve fiel a mis principios y no te delaté a ti ni a ninguno de mis informantes. Finalmente, decidieron que mis servicios dentro del ejército ya no eran requeridos y me pasaron a retiro esa misma madrugada. Por lo tanto, mientras amanecía sobre la ruta, yo regresaba a mi Córdoba natal a reencontrarme con mi hijo. Pero la historia no acaba aquí, estimado Samuel.
            Las vueltas del destino acabaron por llevar a mis oídos la noticia de que Guillermo Roa había pasado a convertirse en enemigo del Estado Argentino, acusado de sedición, apenas unas horas después de que mi magullado cuerpo arribara al lugar que solía llamar “hogar”. Fue entonces cuando, apelando a todo mi ingenio, me puse en contacto con una de las pocas personas en las que descansa la plenitud de mi confianza y que además, era capaz que de embarcarme de encubierto en el primer avión internacional que despegara de Pajas Blancas.
            Así fue, compañero, que con todo el dolor del alma tuve que abandonar mi Patria en unos de los momentos más crueles de su historia, sin poder hacer nada por ayudarla. Ellos me acusaban de sedicioso por mis investigaciones en búsqueda de la verdad y yo me comportaba como un traidor cobarde… Esa decisión que tomé me atormentó durante muchos meses de mi exilio, hasta que pude ponerme en contacto con algunos compatriotas que habían pasado por similares circunstancias. Decidí entonces comenzar mi proyecto mas ambicioso. “La verdad debía salir a la luz” fue la premisa principal en la que basé todo mi trabajo durante el exilio en Madrid. Y los resultados fueron mi mejor creación hasta ahora.
            El borrador del libro que va a dar a conocer al mundo la verdad está en la redacción de la única editorial que tuvo el coraje de aceptar publicar el trabajo de mis años de investigaciones. Y aquí es donde sale a la luz el motivo de ésta carta, estimado amigo (y disculpa mi atrevimiento cuando he de llamarte “amigo”, pero eres lo más parecido a un amigo que me ha de quedar vivo en Argentina).
Me gustaría que el prólogo sea escrito por ti. Sería muy importante para mí incluir en mi ensayo el relato de alguien que padeció del sufrimiento de vivir todo el conflicto y además sería mi humilde agradecimiento a ti, mi gran inspirador. Se que tal vez sea necesario que lo pienses, pero me gustaría discutirlo contigo lo antes posible. Tal vez cometa un error al decírtelo, pero hay mucha gente bastante molesta con la información que he descubierto y he recibido ciertas amenazas que me dejan un gusto bastante amargo en la boca.
Me estoy hospedando en una casa rentada en Capital Federal, tal vez puedas honrarme con tu visita o podamos reunirnos en un bar de Villa Urquiza. Mi dirección está incluida con la carta.”

Dobló nuevamente la carta con una mezcla de tristeza y frustración. Lejos de encontrar respuestas, encontró cientos de interrogantes. Era hora de volver sobre los pasos de su padre.

5.11.10

Capítulo 16

"Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas."

Sir Francis Bacon

“¿Como pudiste terminar así?”
Su mirada perdida era fiel reflejo de su encierro, de un encierro que ya no era físico, ya no había rejas ni paredes frías que la tuvieran en cautiverio. Lo que en aquel momento fue su fortaleza, ahora era su prisión; dentro de su mente, los barrotes cedieron lugar al un abismo que había entre su cerebro y su cuerpo y que tendía a ser cada vez mayor.
Sin embargo, a pesar de no poder mover un solo músculo de su recuperado cuerpo, su mente tenía la misma lucidez de antaño, su sangre seguía estando colmada de odio, sus pesadillas seguían siendo alimento de ese tumor que crecía dentro suyo, que había matado a esa dulce pero egoísta joven de diecinueve años y que había dado lugar a ésta nueva persona que su cuerpo moraba. Ella ya no era ella misma. Era otra.
Sus ojos claros seguían fijos en el techo, y su mirada completamente perdida lo motivaba a pensar que ella no quería ya vivir. Después de todo… ¿Ella estaba viva? La miró nuevamente, incrédulo. No podía ser ella. No debía ser ella. “¿Como pudiste terminar así?” masculló nuevamente. Él seguía enamorado de ella como el primer día. Pero este día sería el último. De los dos. La liberaría. Tomó la almohada con ambas manos. Se inclinó sobre su cuerpo.
Francisca entonces vio su cara, reconoció sus manos, recordó su voz. Mauricio apoyó fuertemente la almohada sobre su bello rostro de forma violenta. Ya había planeado todo. El bisturí estaba sobre la mesa del costado, como si fuera un boleto para reunirse con su amor de toda la vida, con la única que hacía de él alguien completo. Se unirían en aquel lugar lejano...Es ahora o nunca Francisca. Saltá o te caes. Pero si salto, me caigo. No, no te caes. Tomá impulso. Vos podés. No, no puedo. Si podés, saltá el abismo. Volvé a ser vos. Pero yo no soy más yo. O nunca fui yo, y ahora lo soy. Saltá. ¿Salto? Si... salto.
Saltó.
Un fuerte manotazo sobre su rostro tomó por sorpresa a Mauricio, que cayó de bruces al suelo, golpeándose la nuca contra el borde de una ventana aledaña. Francisca gritó, dominada por el terror, se incorporó de repente de la camilla mientras la enfermera abría la puerta. Entonces la habitación se llenó de luz y de repente se oscureció, mientras caía desmayada de pavor.
Saltaste. Ya está. Ahora… ¿Que vas a buscar? Venganza. Papá me dice: No, la venganza no es buena, hija. ¿Hija? Yo no soy más Francisca. Ella está muerta. Clases de Historia en el colegio Nuestra Señora del Huerto de los Olivos. Maquiavelo. “El fin justifica los medios” ¿Eso crees?...
Si.
Volvió a abrir los ojos despacio. Mauricio ya no estaba. Se había ido para siempre. Ahora a su lado le devolvía la mirada un hombre de pelo corto y barba de tres días. Vestía uniforme de fajina con una banda roja y negra en unos de sus brazos. Una fuerte luz blanca invadía la habitación, y el hombre estaba con lentes oscuros.
-“Por fin te despertaste piba…” –le dijo con una sonrisa en los labios.
-“¿Quién sos?” –contestó fríamente Francisca.
-“Me dicen de muchas formas. Acá usamos mucho los sobrenombres. A mi me dicen Capitán Patricio, mis amigos me llaman Indio… mi nombre real no lo saben muchos. Así que no creas que a vos te vaya a tratar distinto. ¿Y vos como te llamás nena?” –contestó.
-“Laura Espinoza” –inventó.
-“¿En serio? Mirá vos, yo pensé que eras Francisca Escalada, hija del Brigadier Escalada de la Fuerza Aerea, recientemente ascendido luego de la exitosa misión donde él y su escuadrón hundieron el Endurance…” –comenzó a relatar, en tono casi soez.
-“Francisca está muerta. Yo me llamo Laura…” –le interrumpió ella, terminante. Ambos guardaron silencio unos minutos y se limitaron a observase mutuamente.
-“¿Sabés lo que es un nombre de guerra?” –ella negó con la cabeza. –“Son nombres que usaban la Legión Extranjera de Francia en sus expediciones. Los tenían para protegerse. Resultaron muy útiles para ocultar sus identidades. El ERP y los Montoneros los usaron. Y nosotros los adoptamos también. Así que veo bien que ya hayas elegido el tuyo... Imagino que vas a militar... tu novio es considerado un verdadero héroe por nosotros...” –le dijo y se levantó.
Mientras se dirigía a la puerta, ella le contestó –“Si mi novio fue un héroe, podrías honrar su memoria diciéndole a su novia tu verdadero nombre… ¿o no sos lo suficientemente macho como para revelar tu identidad ante una nenita de diecinueve años?”
Él la miró unos momentos, se sonrió, tomó el picaporte y le contestó.
-“Sos la pendeja más atrevida que conocí en mi vida. Y la verdad, que eso me encanta...es admirable... Dentro de unos días, cuando te recuperes del todo, te voy a mandar a buscar...” –apenas abrió un poco la puerta, la arrimó nuevamente, la miró y agregó –“Mi nombre es Carlos Alberto Solari.” –y luego se retiró.

Capítulo 15

"Ninguna actividad humana guarda una relación más universal y constante con el azar como la guerra. El azar, juntamente con lo accidental y la buena suerte, desempeña un gran papel en la guerra."
Carl Von Clausewitz

Cansado de tirarle WD-40 a la misma tuerca, decidí tomarme un respiro y dejar que el aerosol “haga su gracia” como dicen los chicos del taller. Salí de la fosa mientras uno de los chicos me alcanzaba un mate.
“Tuerca: uno, Samu: cero” dijo una voz conocida a mis espaldas. Inmediatamente, todos estallaron en una carcajada. Guillermo Roa tiene la capacidad de decir la frase justa en el momento menos esperado y siempre logra la fórmula exacta para que el taller sea por momentos, un lugar ameno de trabajo. Todavía dolían las muertes de los chicos en el bombardeo de antes de ayer… es muy duro de asimilar que la gente con la que en éste momento compartimos risas, mates y bizcochos, en unos minutos puede estar muriendo en tus brazos.
Guillermo es el jefe de mecánicos, un ingeniero mecánico, una persona de enorme inteligencia y sentido común, un excelente cronista…y un amigo más. Compartimos la tienda de campaña, donde solemos entramar charlas acerca de nuestros pasados. A veces son agradables y graciosas, otras veces tristes aunque casi siempre entretenidas.
Es una persona que motiva a conocerlo y entenderlo ya que, aunque tal vez parezca extraño, me ayuda también a entenderme a mi mismo. Gracias a él, de a poco, comienzo a sobreponerme a la muerte de mamá, comienzo a entender los alcances de éste conflicto y cada vez noto mas que las razones que antes me parecían importantes defender no son mas valiosas que la vidas que perdemos en el día a día. Que esos héroes anónimos nunca serán reconocidos como tales sino en algún acto en pos de la memoria y que los que salen ganando son siempre los mismos. Después de todo, la historia la escriben los vencedores.
Termino de sorber el mate, como medio bizcocho y la otra mitad se la arrojo a Libertad, que se encuentra echado sobre unas mantas a un costado del taller. Levanta la cabeza, olfatea el bizcocho y, sin hacerle asco, lo devora de un mordisco. Su pelaje negro ahora brillaba poderosamente y se lo veía bastante más gordo. Tal vez demasiado.
“¡Eh, Libertad, perro maricón, vení para acá!” le dijo uno de los chicos. Mi perro se había ganado ese mote gracias a sus constantes lloriqueos, con los que intentaba conmover al incauto acreedor casual de alguna galletita con el fin de conseguir sumar unos kilos más a su cuenta personal. “Estás echado sobre la grasa, tonto”. Efectivamente, el perro había girado sobre su espalda, quedando patas para arriba y ahora tenía todo el lomo sucio con grasa rojiza. Reí con ganas. La llegada de Libertad a mi vida fue uno de las razones por las que estoy aún me siento vivo y motivado. Nunca había conocido un animal tan fiel y agradecido como éste perro, que me brindaba su enorme cariño cada vez que la tristeza comenzaba a embriagarme. Cuando me miraba con esos ojos marrones y me hacía acordar a ella…
¡Basta! ¡Olvidala de una vez! Dios sabe que será de su vida. ¿Por qué te empecinas en continuar con esa obsesión? Jazmín ya no está en tu vida, y probablemente nunca más estará.
Volví a mi trabajo, ofuscado por mis pensamientos. Sin darme cuenta, aflojé demasiado rápido la tuerca tapón del carter del jeep que reparaba y me bañé en aceite. “¡Ehh, que boquita che!” fue la respuesta a mi sermón de puteadas. “Que boludo el aceite ¿no?” oí que acotaban.
Traté de limpiarme un poco, pero mi overol era un desastre. Salí del taller, crucé la calle y fui al otro taller, que es más pequeño pero es donde guardamos la ropa. Dos guardias fumaban un cigarrillo en la puerta y charlaban animadamente.
-“En media hora llega el jeep donde traen al capitán García, los están trasladando para acá... Dicen que está en coma…”-
-“Uh… pobre… ¿Eso fue en Arroyo del Medio no?-
-Si, perdió a toda la compañía, quedaron diez nomás. Que loco ¿No?...Fue hace 6 semanas y parecería que pasó ayer…-
No pude oír nada mas porque mi mente quedó completamente en blanco...¿Capitán García...? ¿Papá...?




Esa misma noche fui hasta el edificio que funcionaba de hospital. Había toque de queda, pero realmente no me importaba nada más que verlo con mis propios ojos. ¿Coma? ¿Qué te pasó viejo?
Entré al pabellón de terapia intensiva. Abrí la puerta sin hacer ruidos, sospechando de mi propia sombra. Pero no había moros en la costa, nadie sabía que estaba allí. Guillermo estaba escribiendo (se había mostrado muy sorprendido cuando le conté del campamento ruso de entrenamiento en Sunchales y comenzó una investigación del caso) y no me había prestado atención cuando le dije que iba a dar una vuelta. Aunque fuera la 1am…
Caminé entre las camillas. La luz de la luna se filtraba entre las cortinas blancas. Tendido en una cama, en un costado de la habitación, distinguí a mi viejo, conectado a unas cuantas máquinas que seguramente lo mantenían vivo. Conmocionado, me acerqué hacia él hasta llegar al borde de su cama. Y sin darme cuenta, comencé a contarle todo lo que pasaba por mi mente… La guerra, la muerte, la tristeza, el dolor y la soledad se mezclaban en mis palabras en un torbellino de sentimientos y sensaciones incontrolable. Sentía que estábamos solos, él y yo y que el mundo había desaparecido. Grave error.
De repente, un grito escapó de mis labios, mis piernas se debilitaron y un fortísimo dolor en la nuca nubló mi visión. “¡Quedate quietito pendejo o te reviento la cabeza!” fue la orden del soldado que de un culatazo me sorprendió violando la seguridad del recinto...
Empezaba a perder la conciencia...
El dolor era muy fuerte...
Dios, dios, dios, me atraparon...
Estoy perdido…
Oí como quitaban el seguro del FAL…
Cerré los ojos...
-“Soldado, ponga el seguro a ese rifle y deje de apuntarle a mi hijo” –ordenó una voz un tanto débil.
El Capitán García me miraba desde su camilla, con los ojos entornados y una débil sonrisa asomando de su bigote, mientras finalmente la inconsciencia ganaba la batalla.

Capítulo 14


"Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien."
Paul Brulat

La temperatura había bajado demasiado durante la tarde y el 128 se quejaba al tratar de encender. “Vamos, vamos…” Accioné el cebador y nuevamente le di arranque, con cuidado de no ahogarlo. Pero seguía rehusándose a encender. Las noches en el campo pueden ser tremendamente despiadadas cuando te toman por sorpresa.
Frustrado, apoyé la cabeza sobre el volante cuando distinguí que algo brillaba en el piso del coche… ¿Qué podría ser? Traté en vano de entornar los ojos para distinguir que era pero finalmente, decidí estirar mi mano y tomar el objeto brillante: era un arista de una tarjeta de identificación. La levanté para que la luz de la ruta me permitiera leer que tenía escrito y me sorprendí al ver el nombre impreso...
“Samuel Gamarra
Técnico mecánico
Ejército argentino…”

¡La tarjeta de citación de Samuel! ¿Cómo había llegado hasta acá? Y entonces recordé la desdichada suerte que acompañaba a mi amigo mientras la culpa comenzaba a invadirme nuevamente. ¿Por qué me sentía así? ¿Acaso podría haber hecho más por él? Lo último que sabía era que había perdido su ojo, pero su vida había sido salvada… ¿Por qué la culpa me invadía como un veneno que me inyectaron en dosis mortales?
A veces creo que soy demasiado duro conmigo mismo y entonces me trato de convencer de que no puedo tener el control de todo... Sin embargo, me es imposible... Tal vez me esfuerzo demasiado por cambiar cosas que están más allá de mis posibilidades y me da pánico cuando pierdo el manejo de las situaciones en las que me encuentro, cuando no puedo prever que va a pasar. Como ahora… como cuando estaba sentado en el suelo del pasillo del club… como cuando estaba en mi habitación, agazapado junto a mi escopeta…
La tarjeta no tenía foto. Genial, la puedo usar yo; puedo hacerme pasar por Samu mientras busco a mi viejo. Recuerdo que mamá estaba sumamente extrañada de que no tuviéramos noticias suyas desde hacía tres semanas, pero yo le resté importancia al hecho diciéndole que si estaba muerto nos habrían mandado un telegrama. También recuerdo el tremendo coscorrón que me gané por hacer ese comentario tan ácido en un momento de preocupación. Pobre mi vieja… las cosas que tuvo que pasar… y las lágrimas me tomaron por sorpresa nuevamente, mientras en el asiento trasero, Libertad comenzaba a desperezarse. Miré al perro negro, que apenas se distinguía entre las penumbras; solo el blanco de sus ojos permitía ubicarlo en la oscuridad.
Levanté la cara del volante y apoyé mi espalda sobre el respaldo, aspiré fuertemente, como si tratara de que las penas volvieran a su cautiverio en la cárcel de mi mente. Sequé las lágrimas de mis mejillas y tomé nuevamente la llave de contacto al tiempo que presionaba el embrague a fondo y nuevamente trataba de poner en marcha mi auto.
El potente rugido que surgió del escape del Fiat logró que finalmente en mi rostro se dibujara una incipiente sonrisa. Libertad ladró, mientras parado sobre el asiento trasero, meneaba animadamente su cola. Si Libertad… Por fin vamos a buscar nuestro lugar en el mundo...



Desde el habitáculo, las luces de los focos de la ruta viajaban a toda velocidad en dirección contraria a la que nosotros recorríamos. No recordaba hace cuanto tiempo estoy manejando, ni siquiera se a que velocidad voy, pero creo que nunca había viajado tan rápido. Uno a uno, los metros eran devorados insaciablemente por el paso implacable del bólido rojo y negro y el caucho se calentaba con cada nuevo giro, aferrándose al pavimento como si fueran un mismo cuerpo, mientras el volante deportivo cromado transmitía a la caja de dirección cada cambio de trayectoria marcado, esquivando cada pozo, cada grieta, cada roca sobre la ruta, al tiempo que la potencia del motor arrastraba la carrocería a toda velocidad hacia su próximo destino: Santa Fe de la Vera Cruz. A lo lejos, ya comenzaban a distinguirse las luces.

4.11.10

Capítulo 13

La lluvia caía copiosamente sobre la hierba del cementerio. Dejó las flores más hermosas que había encontrado en el puesto del florista sobre la tumba de su padre.

“Guillermo Roa. Te recuerdan tu esposa y tus hijos.
1945-1992”

Tal vez el llamado que había recibido esa mañana era una broma. ¿Porqué contactarlo telefónicamente para decirle que tenían que entregarle una carta? No tenía sentido… además, si había buscado el teléfono en la guía, también tendría la dirección. Es decir, podría haberle reenviado la carta de forma anónima… ¿Como dijo que se llamaba? ¿Simón o Samuel?
Su paraguas negro era su única protección contra el diluvio que comenzaba a anegar los terrenos de aquel lugar de descanso eterno. Miró su reloj de pulsera. Faltaban minutos para las cinco. En Recoleta, la luz comenzaba a menguar. ¿Recordás cuando pasaban tardes enteras charlando sobre aviones? Esa pasión que le daba a su trabajo, ese fuego interno que lo impulsaba a lograr lo que quería contagiaba inspiración. ¿Recordás el día de la partida, en el aeropuerto de Córdoba? Ese 737 despegando de Pajas Blancas que lo alejaría durante tantos años. Su exilio en Madrid. Y la explicación que nunca llegó. "¿Por qué te fuiste en aquel momento papá? ¿Por qué te fuiste ahora?"

-¿Es usted el señor Roa?
-Si, soy yo-contestó sin voltear. Lo había sorprendido la pregunta, pero intentó no reflejar su sobresalto.

Lentamente volteó para ver el rostro del recién llegado. Llevaba paraguas como él, y un sobretodo negro de excelente calidad. Además, le llamó la atención que llevaba un parche sobre uno de sus ojos y varias cicatrices cubrían su rostro, sin embargo, ello no dejaba de opacar cierta belleza que alguna vez tuvo.

- Gracias por venir. Mi nombre es Samuel Gamarra. Hace tiempo llegó una carta a mi nombre de parte de su padre. La verdad que quedé bastante sorprendido teniendo en cuenta que yo jamás tuve contacto con él. Solo pude reconocerlo por el libro…-comenzó a hurgar en uno de los bolsillos de su sobretodo -La abrí únicamente por curiosidad, le pido disculpas por ello –finalmente sacó el sobre, en perfectas condiciones, apenas un poco arrugado por efecto de la humedad del ambiente.

Reconoció la perfecta caligrafía de su padre, fruto de sus años de dibujo técnico en la facultad, mientras estudiaba ingeniería. Cuidadosamente, guardó el sobre en un bolsillo, mientras miraba extrañado a su interlocutor.

-En fin, creo que está en mejores manos y que tal vez usted le encuentre más utilidad que yo. -y sin mediar palabra alguna, se retiró hasta perderse entre la cortina de lluvia.