NOTA

Es muy importante tener en cuenta que para poder entender de manera correlativa los hechos puede ser necesario respetar el orden de salida de las notas desde la mas vieja a la mas nueva. De ésta manera, se podrá armar la historia de manera mas coherente. Sin embargo, ésta es una humilde recomendación del redactor que queda sujeta a la aceptación del lector.

Enjoy!

5.11.10

Capítulo 16

"Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas."

Sir Francis Bacon

“¿Como pudiste terminar así?”
Su mirada perdida era fiel reflejo de su encierro, de un encierro que ya no era físico, ya no había rejas ni paredes frías que la tuvieran en cautiverio. Lo que en aquel momento fue su fortaleza, ahora era su prisión; dentro de su mente, los barrotes cedieron lugar al un abismo que había entre su cerebro y su cuerpo y que tendía a ser cada vez mayor.
Sin embargo, a pesar de no poder mover un solo músculo de su recuperado cuerpo, su mente tenía la misma lucidez de antaño, su sangre seguía estando colmada de odio, sus pesadillas seguían siendo alimento de ese tumor que crecía dentro suyo, que había matado a esa dulce pero egoísta joven de diecinueve años y que había dado lugar a ésta nueva persona que su cuerpo moraba. Ella ya no era ella misma. Era otra.
Sus ojos claros seguían fijos en el techo, y su mirada completamente perdida lo motivaba a pensar que ella no quería ya vivir. Después de todo… ¿Ella estaba viva? La miró nuevamente, incrédulo. No podía ser ella. No debía ser ella. “¿Como pudiste terminar así?” masculló nuevamente. Él seguía enamorado de ella como el primer día. Pero este día sería el último. De los dos. La liberaría. Tomó la almohada con ambas manos. Se inclinó sobre su cuerpo.
Francisca entonces vio su cara, reconoció sus manos, recordó su voz. Mauricio apoyó fuertemente la almohada sobre su bello rostro de forma violenta. Ya había planeado todo. El bisturí estaba sobre la mesa del costado, como si fuera un boleto para reunirse con su amor de toda la vida, con la única que hacía de él alguien completo. Se unirían en aquel lugar lejano...Es ahora o nunca Francisca. Saltá o te caes. Pero si salto, me caigo. No, no te caes. Tomá impulso. Vos podés. No, no puedo. Si podés, saltá el abismo. Volvé a ser vos. Pero yo no soy más yo. O nunca fui yo, y ahora lo soy. Saltá. ¿Salto? Si... salto.
Saltó.
Un fuerte manotazo sobre su rostro tomó por sorpresa a Mauricio, que cayó de bruces al suelo, golpeándose la nuca contra el borde de una ventana aledaña. Francisca gritó, dominada por el terror, se incorporó de repente de la camilla mientras la enfermera abría la puerta. Entonces la habitación se llenó de luz y de repente se oscureció, mientras caía desmayada de pavor.
Saltaste. Ya está. Ahora… ¿Que vas a buscar? Venganza. Papá me dice: No, la venganza no es buena, hija. ¿Hija? Yo no soy más Francisca. Ella está muerta. Clases de Historia en el colegio Nuestra Señora del Huerto de los Olivos. Maquiavelo. “El fin justifica los medios” ¿Eso crees?...
Si.
Volvió a abrir los ojos despacio. Mauricio ya no estaba. Se había ido para siempre. Ahora a su lado le devolvía la mirada un hombre de pelo corto y barba de tres días. Vestía uniforme de fajina con una banda roja y negra en unos de sus brazos. Una fuerte luz blanca invadía la habitación, y el hombre estaba con lentes oscuros.
-“Por fin te despertaste piba…” –le dijo con una sonrisa en los labios.
-“¿Quién sos?” –contestó fríamente Francisca.
-“Me dicen de muchas formas. Acá usamos mucho los sobrenombres. A mi me dicen Capitán Patricio, mis amigos me llaman Indio… mi nombre real no lo saben muchos. Así que no creas que a vos te vaya a tratar distinto. ¿Y vos como te llamás nena?” –contestó.
-“Laura Espinoza” –inventó.
-“¿En serio? Mirá vos, yo pensé que eras Francisca Escalada, hija del Brigadier Escalada de la Fuerza Aerea, recientemente ascendido luego de la exitosa misión donde él y su escuadrón hundieron el Endurance…” –comenzó a relatar, en tono casi soez.
-“Francisca está muerta. Yo me llamo Laura…” –le interrumpió ella, terminante. Ambos guardaron silencio unos minutos y se limitaron a observase mutuamente.
-“¿Sabés lo que es un nombre de guerra?” –ella negó con la cabeza. –“Son nombres que usaban la Legión Extranjera de Francia en sus expediciones. Los tenían para protegerse. Resultaron muy útiles para ocultar sus identidades. El ERP y los Montoneros los usaron. Y nosotros los adoptamos también. Así que veo bien que ya hayas elegido el tuyo... Imagino que vas a militar... tu novio es considerado un verdadero héroe por nosotros...” –le dijo y se levantó.
Mientras se dirigía a la puerta, ella le contestó –“Si mi novio fue un héroe, podrías honrar su memoria diciéndole a su novia tu verdadero nombre… ¿o no sos lo suficientemente macho como para revelar tu identidad ante una nenita de diecinueve años?”
Él la miró unos momentos, se sonrió, tomó el picaporte y le contestó.
-“Sos la pendeja más atrevida que conocí en mi vida. Y la verdad, que eso me encanta...es admirable... Dentro de unos días, cuando te recuperes del todo, te voy a mandar a buscar...” –apenas abrió un poco la puerta, la arrimó nuevamente, la miró y agregó –“Mi nombre es Carlos Alberto Solari.” –y luego se retiró.

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