NOTA

Es muy importante tener en cuenta que para poder entender de manera correlativa los hechos puede ser necesario respetar el orden de salida de las notas desde la mas vieja a la mas nueva. De ésta manera, se podrá armar la historia de manera mas coherente. Sin embargo, ésta es una humilde recomendación del redactor que queda sujeta a la aceptación del lector.

Enjoy!

14.1.11

Capítulo 23


"La única verdad es la realidad."
Aristóteles

El libro estaba cubierto de una fina capa de polvo. Sopló ligeramente y una pequeña nube se desplegó frente a él. Estornudó.
"Que pelotudo" masculló.
Tomó el libro, se sentó en una banqueta austera y comenzó a hojearlo.
Típico. Grabados, fotos, hojas amarillentas y con los bordes doblados. Miró el año de edición. 1903.
Avanzaba mirando los dibujos, que tenían poco detalle y eran bastante grotescos. Varios mapas ilustraban el desvencijado libro.
Súbitamente, dio con la carátula de un mini cuadernillo oculto dentro del libro. Remarcada aparecían las palabras: Familia Orellana.
Comenzó a leer en detalle las notaciones. Las tres hojas estaban completamente escritas. En la hoja dos había una especie de organigrama... era un árbol genealógico de los Orellana. Pero el mismo era encabezado por un nombre llamativo: Thomas Alexander Cochrane. Y más curioso era el nombre de la persona con la que estaba ligada: María Graham. La palabra "Amantes" figuraba escrita a un lado, subrayada en rojo.

Tal parecía que la familia Orellana había tenido participación activa dentro de la Historia Argentina desde el mismísimo nacimiento de la Patria, pero en un rol bastante sobrio. Dentro de su genealogía aparecían apellidos destacados del ámbito político local del S. XIX y las notaciones en los márgenes indicaban amistades con personajes como Sarmiento o Alvear.
"Que curioso" murmuró. "En el libro de papá no aparece nada de esto... Parece material bastante íntegro para un libro." Conociendo a su padre, era inevitable sospechar que algo importante había encontrado. Entonces miró nuevamente la puerta que no coincidía con el marco de manera correcta y luego arrastró su mirada a la habitación, completamente desordenada. Finalmente, posó sus ojos en la carta... y recordó el miedo de su padre por la información que había descubierto...
Cansando de tanto pensar y frustrado por encontrar más dudas que respuestas, decidió salir a tomar un poco de aire.
La  madrugada era fría, pero no lo suficiente considerando que son los últimos días de Agosto. Sin embargo, el cielo estaba completamente cubierto y los relámpagos amenazaban con una terrible tormenta. La brisa ayudaba a la reflexión, mientras comenzaba a caminar por la calle Núñez sin rumbo preciso.

Orellana... El apellido no es demasiado resonante dentro de la historiografía Argentina... sin embargo, le parecía conocido de algún lado… y aquella relación con Cochrane... ¿Que podía tener de particular?

Su profesor de Historia del secundario le había hablado de Cochrane. Lo recordaba como si fuera ayer. Porque su profesor Anibal Acquafresca tenía esa capacidad de contar la historia como un cuento y lograba que sus alumnos captaran el conocimiento de manera tal que no lo liberaran jamás.
Según rememoraba, Cochrane había tenido injerencia en la Emancipación Americana. Una participación por demás activa. Era inglés y era marinero, de los más astutos que existieron... sin embargo sus actos podrían considerarse como vandálicos y por eso muchos no dudaban de tildarlo como un corsario pirata. Estaba enfrentado con San Martin por cuestiones inherentes a la liberación de Perú. En Chile era recordado con empatía. Y no recordaba mucho más... Era momento de comenzar a investigar.

De repente oye un ruido. Mira su reloj de pulsera. Son las 3am. ¿Quién carajo puede estar en la calle a ésta hora? Mira a sus espaldas. El fogonazo contrasta con la oscuridad de la calle y el balazo impacta directamente contra una baldosa. Su ritmo cardíaco estalla en una estampida galopante, mientras que sus glándulas suprarrenales segregan elevados niveles de adrenalina a su torrente sanguíneo. Su sistema nervioso, estimulado por las descargas sinápticas provocan que su instantánea reacción sea correr en dirección contraria a su agresor. Pero su sangre fría pudo determinar que su acción más inteligente sería girar a cada esquina y tratar de regresar a la casa que fue de su padre. Se oyeron dos detonaciones más, pero no se detuvo a ver donde impactaban.
Apenas llega a la puerta de la casa, y luego de entrar y cerrarla, busca con qué bloquearla. Ve una heladera vieja y desvencijada juntando polvo en un rincón olvidado de la despensa. Perfecta.
La adrenalina y los nervios hacían que el peso del electrodoméstico no fuera problema y en cuestión de segundos, la puerta estaba bloqueada.
Entonces, se acerca al árbol genealógico de nuevo y lee el nombre que cerraba la escala, debajo de todos los demás:
Teniente General Hernán Raúl Orellana, Director General de Inteligencia del Ejército Argentino.
Sus temores se habían confirmados. Su padre no había fallecido por accidente. Aquel best seller comercial no era lo que Guillermo Roa había escrito. No era más que una mentira atroz, un engaño a su memoria.
Y ahora su hijo sabe más de lo que debe.

12.1.11

Capítulo 22


"El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para que se vive."
Fiodor Dostoievski

Me acomodé la falda al tiempo que cruzaba el umbral que daba entrada a Siddharta. Las pocas horas de sueño me estaban jugando una mala pasada y los párpados me pesaban de tanto llorar, pero había sido llamada al lugar por él.
Caminé con seguridad ingresando al lugar. Según me comentaron los que me trasladaron en el jeep, el sitio había sido un famoso boliche que con la guerra habría devenido en un bar de mala muerte, donde se trataban toda clase de negocios sucios, arreglos turbios, venta de drogas, planeamientos de atentados e incluso asesinatos magnicidas.
Los rostros voltean constantemente al notar mi presencia, aunque mi vestimenta no es tan sugerente… o tal vez si? Imaginé la opinión de mi papá, pero nuevamente un nudo en la garganta me impidió respirar y decidí dejar mi mente lo más en blanco que pudiera. No puedo mostrar debilidad...nunca...
Con sutileza y tratando de mantener la naturalidad, me paseo entre las mesas mientras el sonido dulce de un blues comienza a resonar el ambiente. La sensación de decenas de ojos sobre mi comienza a crispar mis nervios. Alcanzo una mesa vacía, me siento y lentamente dejo que las estrofas que reza el cantante comiencen a apoderarse de mí…

“…Mi amor, la libertad es fanática;
ha visto tanto hermano muerto,
tanto amigo enloquecido,
que ya no puede soportar
la pendejada de que todo es igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...”

Sentado sobre una banqueta, arriba del escenario, cada nueva frase que entonaba llevaba una pincelada de la melancolía que su triste corazón destilaba a cada momento. 
Detrás de sus lentes oscuros, el Indio había seguido con sus ojos el camino de la rubia muchacha cuya presencia derrochaba belleza. Parecía estar rodeada por ese halo de femineidad que logra hacer que todos los hombres presentes se vean obligados a voltearse para caer rendidos ante su divina figura. Como si se tratara de un ángel. Un ángel con un demonio habitando dentro.
Cada nueva nota arrastraba su mente entre observaciones en directo, vivencias, escenas y recuerdos. Pero siempre acababan en Su rostro. No el de la muchacha rubia que lentamente caía rendida a los pies de su cansancio. Tampoco el de las otras que habían en Siddharta. Mucho menos de las otras que habitaban en su mente. Sino en el de Ella…
Ese tormentoso recuerdo... ese puñal clavado en el pecho de su esposa... y esa frase escrita con su sangre aún húmeda en la pared de yeso…
“viva la revolución”
Los siguió por doquier. Sabía quiénes eran. Dos espías de segunda que creían que su acción ablandaría su persona. Que lograrían que se quebrara su ideología. Pero no… nunca fue así… y lejos de abandonar la lucha, terminó por dejar de clamar por paz y finalmente decidiera inclinarse por las armas.
Así, el Indio juró que iba a conseguir lo que muchos buscaron pero no pudieron alcanzar. ¿Venganza? No, la venganza es una respuesta sentimental, un estímulo natural lejano a la razón. Él iba a encontrar Justicia. Él lucha por la Libertad.


Ella no busca lo mismo. Busca otra cosa.
Castigo.
Devolver el dolor que le causaron. Ella merece ese placer, esa dicha. Ella ya pagó su estadía en el Infierno. Ahora les toca a ellos.
Aún la asolan las pesadillas donde las bestias se arrojan sobre ella. Siente como su corazón galopa cuando una voz masculina suena en la oscuridad. Tiembla ante la cercanía de un hombre, cualquiera sea. Y a veces despierta llorando ante el realismo de la proyección que su cerebro genera, donde los sesos de aquel jóven se despegan del cráneo con estremecedora violencia.
¿Quién te quitará tan terrible pena hijita?
Vos estás muerto Papá.
Sigo vivo en vos.
No.
ESTÁS MUERTO.
El reflejo de sus ojos tristes la miraban desde los lentes negros.
“Rubia… hubo un ataque en El Palomar… tu familia… fueron héroes…” Sí, todos son héroes. Pero de qué sirve? Si están todos están muertos.
“CONTESTAME!! DE QUE SIRVE EL HEROÍSMO? No es más que uno de esos valores devaluados, que vos como un idiota defendés y que solo sirve para que  te recuerden con una medalla de mierda y tu nombre grabada en placas de bronce o mármol!!"
La despertó moviéndole con suavidad el hombro. De repente, sus párpados revelaron sus enormes ojos azules.
“Vamos.”

Bajaron del Jeep. Los escoltas se quedaron arriba del auto de custodia y quedaron ellos dos solos. Las pocas luces que iluminaban el camino despedían una pálida luz amarillenta que le daban un aire muy lúgubre a la caminata por la costanera de La Plata. El silencio era tan tenso daba una sensación de materialidad, como si fuese una tela que podía ser cortada con un cuchillo...
“Cuando comenzó todo esto no sabíamos que podíamos perder… ahora me doy cuenta que no sabemos todo lo que podemos ganar. Hoy día somos la organización paramilitar más grande del globo. Tenemos colaboración desde las FARC hasta Sendero Luminoso. Los días de La Junta Coordinadora Revolucionaria terminaron. Ahora somos más poderosos. Hace rato no es necesario que tomemos regimientos para abastecernos. Es más, el Ejército Argentino, ese mismo que nos perseguía hace apenas unos diez años, ahora corre solicitándonos auxilio…”
“No entiendo por qué me contás esto ni por qué me tiene que importar…”
“Rubia, tenemos el mundo a nuestros pies. El Nuevo Ejército Revolucionario del Pueblo es el futuro. Y vos, al ser parte de esto, sos parte del futuro…”
Francisca guardó silencio…
“Sé lo que te pasa en la cabeza.”
“No, no sabés nada.”
“Ellos también me quitaron mucho.”
“No tanto como a mí.”
“Tal vez. Pero gracias a tu novio, ahora tenemos el poder de cambiarlo todo. Y creeme que van a cosechar los vientos que sembraron. Las tempestades que desataron ya son imposibles de detener...”
La brisa que soplaba, las estrellas del cielo y la hermosura de los ojos de la muchacha formaba el contraste perfecto al horror que se desataría apenas unas horas después de la pronunciación de esas palabras. Y la guerra no sería la misma.