NOTA

Es muy importante tener en cuenta que para poder entender de manera correlativa los hechos puede ser necesario respetar el orden de salida de las notas desde la mas vieja a la mas nueva. De ésta manera, se podrá armar la historia de manera mas coherente. Sin embargo, ésta es una humilde recomendación del redactor que queda sujeta a la aceptación del lector.

Enjoy!

8.12.10

Capítulo 21



"La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara."
Voltaire

Los arrastré tomándolos del cabello, dominado por una furia asesina. Los pateé. Uno de ellos quiso tirarme al piso, tomándome con ambas manos del tobillo. Solté al otro y de un puñetazo en la nariz le quebré el tabique.
El barro estaba mezclado con la sangre de las heridas que les había propinado con la ráfaga de balas de 7.62mm que había escupido mi FAL unos instantes antes. La motocicleta se incendiaba, seguramente mientras el combustible de su depósito comenzaba a arder.
Ambos se retorcían en el suelo, aullando de dolor. Yo caminaba pesadamente hacia donde descansaba un bidón de nafta. Lo tomé, caminé sobre mis pasos mientras destapaba el bidón y tomé al que tenia la nariz sana del cuello, apoyándolo contra el barro. Rocié su rostro con el combustible, mientras aullaba de dolor al tiempo que el abrasivo líquido se filtraba en sus ojos, en su boca...
Disfrutaba de su sufrimiento, de su dolor; cada trago de carburante que tragaba era acercarlo un paso más al abismo donde se merecía estar.
Arrojé a un costado el bidón vacío y nuevamente lo golpee en el rostro con violencia. Cada vez que levantaba mi puño la ira que descargaba retroalimentaba mi odio, mi furia, mi sed de venganza. Mientras, su voz se apagaba de a poco. Sin embargo, los alaridos persistían. Vi que el otro se movía y gritaba de dolor. Me desquiciaba. Sin dudarlo un momento, solté al que estaba lleno de nafta que gemía apenas conciente, y me acerqué a su compañero. Aún no estaba satisfecho. Aún merecían más. Mucho más.
Con mi mano derecha desenfundé el cuchillo que siempre llevaba en mi cinturón, mientras con la izquierda abría su boca. Vi como comenzaba a asomar su lengua y sin dudarlo, de un limpio corte, se la arranqué. La sangre comenzó a salir a chorros, salpicando mi rostro y pecho. Sonreí socarronamente...
- ¿NO MÁS GRITOS? ¡GRITÁ AHORA HIJO DE PUTA!-
Ya no pensaba. Solo sentía. Me dejaba llevar.
Esto es lo que se merecen. Se lo merecen.
Saqué de mi bolsillo el encendedor.
Una chispa fue suficiente.
Fue suficiente para todo.
Levanté la vista y vi a todo el campamento como me devolvían una mirada estupefacta, disfrutando del show que éste oficial del Ejército Argentino brindaba, torturando salvajemente a dos soldados británicos en lo que sería un tiempo de tregua.
Como les brindaba como regalo de Navidad un espectáculo lleno de morbo, salvajismo y atrocidad.
Merecida.
¿O no?
¿Acaso no eran hombres?
No, eran animales.
¿Y yo que soy entonces?
¿No soy igual?
No.

Hoy soy peor.