Veía luces…
“No quiero verte nunca más con ese zurdito con el que salís… cuando se entere tu padre vamos a hablar distinto…”
Sentía frío…
“Perdoname. No tendría que haberte hecho venir ésta noche…”
Sufría…
Cuando abrió los ojos, se encontró volcada sobre el lado derecho de su cuerpo. Apenas distinguía una figura borrosa que se tambaleaba en la oscuridad. De fondo, veía algo parecido a una bola amarilla que danzaba casi de manera armónica. Estaba completamente aturdida, no recordaba siquiera dónde estaba. Mecánicamente, intentó ponerse de pie, pero apenas giró sobre su espalda sintió un dolor atroz en su pecho. Se quedó quieta, respondiendo al reflejo que despertó ese repentino pulso de tormento físico.
Lentamente, su mirada comenzó a aclararse y comenzó a distinguir que la bola amarilla era fuego que se extendía sobre lo que era una Coupe Fuego roja en la que ella viajaba. Y que la figura tambaleante era la de un joven apuesto de pelo ligeramente batido, que avanzaba dificultosamente al tiempo que se tomaba el costado derecho de su torso con su mano izquierda.
De repente, Manuel se detuvo y cayó de rodillas, a unos pocos metros de donde su novia le devolvía la mirada. Una mirada llena de asombro y sufrimiento. Una mirada que sería la última que le devolvería a ese joven en su vida.
Súbitamente, un disparo quebró el ambiente y la cabeza del joven estalló en una gran llamarada roja. Y la voz de Francisca se desgarró en un escalofriante grito, lleno de horror e impotencia. Estiró su mano derecha hacia el cuerpo inerte de Manuel durante unos momentos, y luego dejó que caiga sobre el frío pavimento de la calle Primera Junta.
Francisca observó como los atacantes se acercaban como buitres carroñeros al cadáver de su novio. Distinguió sus pasamontañas azules y los parches con la bandera de Gran Bretaña en su hombro. Uno de ellos se acercó a la hermosa muchacha, que ahora, malherida, tosía revuelta en un charco de sangre. Lentamente la noche se hizo más oscura, las estrellas se apagaron y Francisca, lentamente, dejó de moverse, mientras perdía la conciencia…
durisimo
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