"El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para que se vive."
Fiodor Dostoievski
Me acomodé la falda al tiempo que cruzaba el umbral que daba entrada a Siddharta. Las pocas horas de sueño me estaban jugando una mala pasada y los párpados me pesaban de tanto llorar, pero había sido llamada al lugar por él.
Caminé con seguridad ingresando al lugar. Según me comentaron los que me trasladaron en el jeep, el sitio había sido un famoso boliche que con la guerra habría devenido en un bar de mala muerte, donde se trataban toda clase de negocios sucios, arreglos turbios, venta de drogas, planeamientos de atentados e incluso asesinatos magnicidas.
Los rostros voltean constantemente al notar mi presencia, aunque mi vestimenta no es tan sugerente… o tal vez si? Imaginé la opinión de mi papá, pero nuevamente un nudo en la garganta me impidió respirar y decidí dejar mi mente lo más en blanco que pudiera. No puedo mostrar debilidad...nunca...
Con sutileza y tratando de mantener la naturalidad, me paseo entre las mesas mientras el sonido dulce de un blues comienza a resonar el ambiente. La sensación de decenas de ojos sobre mi comienza a crispar mis nervios. Alcanzo una mesa vacía, me siento y lentamente dejo que las estrofas que reza el cantante comiencen a apoderarse de mí…
“…Mi amor, la libertad es fanática;
ha visto tanto hermano muerto,
tanto amigo enloquecido,
que ya no puede soportar
la pendejada de que todo es igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...”
Sentado sobre una banqueta, arriba del escenario, cada nueva frase que entonaba llevaba una pincelada de la melancolía que su triste corazón destilaba a cada momento.
Detrás de sus lentes oscuros, el Indio había seguido con sus ojos el camino de la rubia muchacha cuya presencia derrochaba belleza. Parecía estar rodeada por ese halo de femineidad que logra hacer que todos los hombres presentes se vean obligados a voltearse para caer rendidos ante su divina figura. Como si se tratara de un ángel. Un ángel con un demonio habitando dentro.
Cada nueva nota arrastraba su mente entre observaciones en directo, vivencias, escenas y recuerdos. Pero siempre acababan en Su rostro. No el de la muchacha rubia que lentamente caía rendida a los pies de su cansancio. Tampoco el de las otras que habían en Siddharta. Mucho menos de las otras que habitaban en su mente. Sino en el de Ella…
Ese tormentoso recuerdo... ese puñal clavado en el pecho de su esposa... y esa frase escrita con su sangre aún húmeda en la pared de yeso…
“viva la revolución”
Los siguió por doquier. Sabía quiénes eran. Dos espías de segunda que creían que su acción ablandaría su persona. Que lograrían que se quebrara su ideología. Pero no… nunca fue así… y lejos de abandonar la lucha, terminó por dejar de clamar por paz y finalmente decidiera inclinarse por las armas.
Así, el Indio juró que iba a conseguir lo que muchos buscaron pero no pudieron alcanzar. ¿Venganza? No, la venganza es una respuesta sentimental, un estímulo natural lejano a la razón. Él iba a encontrar Justicia. Él lucha por la Libertad.
Ella no busca lo mismo. Busca otra cosa.
Castigo.
Devolver el dolor que le causaron. Ella merece ese placer, esa dicha. Ella ya pagó su estadía en el Infierno. Ahora les toca a ellos.
Aún la asolan las pesadillas donde las bestias se arrojan sobre ella. Siente como su corazón galopa cuando una voz masculina suena en la oscuridad. Tiembla ante la cercanía de un hombre, cualquiera sea. Y a veces despierta llorando ante el realismo de la proyección que su cerebro genera, donde los sesos de aquel jóven se despegan del cráneo con estremecedora violencia.
¿Quién te quitará tan terrible pena hijita?
Vos estás muerto Papá.
Sigo vivo en vos.
No.
ESTÁS MUERTO.
El reflejo de sus ojos tristes la miraban desde los lentes negros.
“Rubia… hubo un ataque en El Palomar… tu familia… fueron héroes…” Sí, todos son héroes. Pero de qué sirve? Si están todos están muertos.
“CONTESTAME!! DE QUE SIRVE EL HEROÍSMO? No es más que uno de esos valores devaluados, que vos como un idiota defendés y que solo sirve para que te recuerden con una medalla de mierda y tu nombre grabada en placas de bronce o mármol!!"
La despertó moviéndole con suavidad el hombro. De repente, sus párpados revelaron sus enormes ojos azules.
“Vamos.”
Bajaron del Jeep. Los escoltas se quedaron arriba del auto de custodia y quedaron ellos dos solos. Las pocas luces que iluminaban el camino despedían una pálida luz amarillenta que le daban un aire muy lúgubre a la caminata por la costanera de La Plata. El silencio era tan tenso daba una sensación de materialidad, como si fuese una tela que podía ser cortada con un cuchillo...
“Cuando comenzó todo esto no sabíamos que podíamos perder… ahora me doy cuenta que no sabemos todo lo que podemos ganar. Hoy día somos la organización paramilitar más grande del globo. Tenemos colaboración desde las FARC hasta Sendero Luminoso. Los días de La Junta Coordinadora Revolucionaria terminaron. Ahora somos más poderosos. Hace rato no es necesario que tomemos regimientos para abastecernos. Es más, el Ejército Argentino, ese mismo que nos perseguía hace apenas unos diez años, ahora corre solicitándonos auxilio…”
“No entiendo por qué me contás esto ni por qué me tiene que importar…”
“Rubia, tenemos el mundo a nuestros pies. El Nuevo Ejército Revolucionario del Pueblo es el futuro. Y vos, al ser parte de esto, sos parte del futuro…”
Francisca guardó silencio…
“Sé lo que te pasa en la cabeza.”
“No, no sabés nada.”
“Ellos también me quitaron mucho.”
“No tanto como a mí.”
“Tal vez. Pero gracias a tu novio, ahora tenemos el poder de cambiarlo todo. Y creeme que van a cosechar los vientos que sembraron. Las tempestades que desataron ya son imposibles de detener...”
La brisa que soplaba, las estrellas del cielo y la hermosura de los ojos de la muchacha formaba el contraste perfecto al horror que se desataría apenas unas horas después de la pronunciación de esas palabras. Y la guerra no sería la misma.
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