Se levantó esa mañana a las seis, como siempre. Luego de salir del baño, caminó pesadamente hacia la puerta del departamento. Tomó el Clarín del día y se dirigió al comedor, mientras afuera recién amanecía. Se oía el viento soplando fuerte. “Ya llegó de nuevo el frío de mierda” pensó. Lo detestaba desde pequeño. Y odiaba a esos que dicen “Pero del frío te empilchás y zafás! Del calor no…”. Tal vez tuvieran razón pero aborrecía admitirlo. Ella estaba poniendo la pava para hacer el mate, tan hermosa como siempre. Porque si había algo de lo que él se sentía tremendamente orgulloso, era de ella. Despeinada, con el camisón largo descocido, con los ojos entrecerrados y bostezando, a él le parecía mas linda que nunca. ¿Cómo pudo ella enamorarse de un pobre taxista? Habiendo tantos otros con mas dinero, mas estudio… “Pero ninguno me vio nunca como me viste vos” le contestó cuando en plena discusión le planteó por única vez aquel delirio que atormentaba su cabeza desde que le dio ese el primer beso que dio vuelta su vida para siempre.
Sin mas remedio, tuvo que responder a ese fuerte impulso de besarla como nunca lo había hecho. “¿Y eso que fue?” le preguntó, con una sonrisa asomando, mezcla de alegría y desconcierto. “No tiene todo que tener un porqué” le contestó, sonriendo también. Después de todo, no dejaba de ser cierto, no todo tiene una razón de ser. ¿O si?.
Aún con una sonrisa en los labios, se sentó en una de sus sencillas sillas de mimbre que decoraban su comedor. Mientras comenzaba a hojear el diario, leía los titulares sin dejar de sentir una mezcla agridulce de orgullo con alegría y de pena con horror. Era un extraño cruce de sentimientos, que solo puede despertarse en tiempos donde el sentido común no prevalece, la irracionalidad toma la escena, donde el salvajismo del hombre sale a la luz de la manera mas cruel. Solo la guerra podía despertar esos sentimientos tan dispares; y no solo en un individuo, sino en una sociedad entera.
Sus ojos vagaban entre las líneas del diario sin encontrar donde descansar. Finalmente cerró el diario, y se dedicó a contemplarla a ella unos instantes antes de partir.
“¿Que te pasa hoy? Estás muy… raro” le dijo, extrañada.
“No se, tengo una sensación especial, como si algo distinto fuera a pasar hoy.”
“Son los nervios amor. Falta poco ya. En unos días vamos a tener la escritura y todo va a estar bien” le contestó ella.
“Eso espero” respondió y suspiró.
Tomó un último mate, la besó nuevamente y se dirigió a la puerta. Bajó y cruzó la calle hacia el estacionamiento, para, una vez mas, subir a su taxi y salir a ganarse el día.
Manejaba lento, sobre la derecha. Encendió la radio, para escuchar las noticias. “… de junio de 1982, la mañana está fría sobre Buenos Aires…”. De repente, un sonido invadió sus oídos…” ¡Ultimo momento! ¡Atentado a la flota inglesa en Gibraltar! Se presume que en la emboscada, la armada inglesa ha perdido al menos 4 buques. Máxima tensión internacional y fuertes presiones sobrela Junta del Gobierno para conocer la responsabilidad Argentina sobre el ataque… ”. No escuchó nada más, no porque no quisiera, sino por el ensordecedor sonido que tronó sobre la ventosa mañana de la ciudad.
Manejaba lento, sobre la derecha. Encendió la radio, para escuchar las noticias. “… de junio de 1982, la mañana está fría sobre Buenos Aires…”. De repente, un sonido invadió sus oídos…” ¡Ultimo momento! ¡Atentado a la flota inglesa en Gibraltar! Se presume que en la emboscada, la armada inglesa ha perdido al menos 4 buques. Máxima tensión internacional y fuertes presiones sobre
Miró hacia el cielo sorprendido. A pesar del frío y el viento, ni una nube cubría el cielo azul. Un trueno no podía haber provocado semejante estruendo.
Sin previo aviso, otro atronador sonido inundó el ambiente, acompañado por un ligero temblor del pavimento de Alvarez Thomas. Sin pensarlo, dobló en Olleros y estacionó su Peugeot 504. Salió del auto al mismo tiempo que se oían dos, tres, cuatro impactos. El suelo temblaba cada vez más. Corrió nuevamente a la intersección de Alvarez Thomas con Olleros, y miró hacia su derecha. A lo lejos se divisaba una negra columna de humo. Se podía identificar claramente la silueta a contraluz de las aeronaves inglesas. Los temblores eran tan fuertes que algunas mamposterías ya no podían soportar y se derrumbaban. Bajó la vista unos momentos para presenciar, desde una vista de protagonista, como un colectivo de la línea 140 golpeaba fuertemente en la trompa a un Fiat 125 que, en su afán por esquivar una rama caída, quedó cruzado en la avenida.
Instintivamente, se hizo presente donde se había producido el choque, en un intento desesperado por ayudar a los accidentados. El pánico reinaba en las calles, los árboles temblaban, los autos chocaban y las sombras de los enormes bombarderos Avro Vulcan de la RAF se hacían cada vez más negras, más nítidas, más tenebrosas, como enormes aves de rapiña sobre una pobre víctima que, repentinamente y sin posibilidad de escape, se encontró acorralada para ser devorada por las esquirlas, el fuego, los escombros y el calor del principio del fin.-
nhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, es como el piloto bien logrado de lo que promete ser un exito!!!
ResponderEliminarJUANCUBUS
Esta interesante tin!. :)La voy a leer entera!
ResponderEliminarAYEEE!!!