NOTA

Es muy importante tener en cuenta que para poder entender de manera correlativa los hechos puede ser necesario respetar el orden de salida de las notas desde la mas vieja a la mas nueva. De ésta manera, se podrá armar la historia de manera mas coherente. Sin embargo, ésta es una humilde recomendación del redactor que queda sujeta a la aceptación del lector.

Enjoy!

25.9.10

Capítulo 2

Francisca, esa rubia debilidad. Sus ojos claros destellantes y su cuerpo de modelo parecían darle las llaves para tener el mundo a sus pies. Claro que con apenas 19 años recién cumplidos ella no era consciente del potencial de sus características. Por ese entonces, ella estaba más preocupada por conocer cuál sería la próxima colección de Versace para el invierno de 1987 o en que aerolínea podría viajar a Brasil durante el receso escolar.
Era el último día de clases de la primera mitad del año. “¡Finalmente vacaciones!” Exclamó con una sonrisa en el rostro.
Era una hermosa tarde. Los alumnos se agolpaban sobre la vereda del “Nuestra Señora del Huerto”, uno de los colegios privados más exclusivos de Jesús María. “Que hermoso día para ir al parque a tomar cerveza…” fue la propuesta que salió de su boca. Y nadie se atrevió a refutarla… porque si Francisca lo decía, eso era lo que se hacía.
Tenía esa divina cualidad, el carisma para lograr que nadie ponga reparos a sus propuestas. O a sus caprichos. Su capacidad para convencer a la gente era tan hipnótica que lograba cosas que para otro sería imposible, y que combinada con su perfecta femineidad le permitía vivir de una aparente burbuja donde el conflicto armado que se desarrollaba en su país no podía ingresar. La guerra le era indiferente, le parecía que era muy lejana. En Córdoba hubo incidentes, pero el grueso del Ejército y de la Fuerza Aérea estaba a escasos kilómetros de Jesús María, por lo cual la cuidad era para sus habitantes una suerte de fortín.
La tarde se desarrollaba plácidamente. Nada alteraba la normalidad de aquel día. A pesar de que era invierno, el día era cálido, casi primaveral. Y él la esperaba en la esquina de siempre. Y ella, sabiendo aprovechar la situación, fue a su encuentro con un abrazo. Lo besó en la mejilla y le pidió su chocolate diario. La escena se repetía a diario, él la invitaba al café al que ella solo había accedido la primera tarde en la que se vieron, pero ella rechazaba la invitación; sin embargo, lo hacía tan dulcemente que lograba atraparlo otra vez. Él solo tenía ojos para ella.
Se despidieron luego de caminar abrazados las 3 cuadras que la separaban de la casa. Él la besó en la mejilla tiernamente. Ella se mostró alagada pero impasible.
Entró a su casa y el teléfono sonó. Seguramente era Estela. “Hola gorda, ¿cómo estás?” se escucha salir del tubo. “Hola Este… ¡tanto tiempo!” bromeó Francisca. Habían salido del colegio hacía apenas unas pocas horas. “¿Llegaste entera?” recibió como respuesta, con sorna. “No seas boba, somos solo amigos con Mauricio”. La verdad era que ella sabía que no eran amigos. Pero le daba pena dañar esa relación… ¿O era que le gustaba jugar con los sentimientos de él? Era una extraña sensación de poder que sentía. Como si pudiera dominarlo a su antojo.
Ella nunca le daría la chance de ser algo más. Pero le gustaba que él gustara de ella. ¿Era crueldad eso? No, no lo era. Ellos eran amigos y nada más.
La noche caía sobre la ciudad. Francisca oyó la llegada del auto, señal de que la charla con su amiga del alma debía terminarse. Colgó el teléfono y fue hacia el comedor, mientras la puerta del frente se abría y sus padres irrumpían la paz del hogar con el ritmo frenético de los gritos de la discusión que sostenían.
Alterada por los el ruido y la desesperación reflejada en la voz de su madre, Francisca fue a su encuentro para encontrarla en el Living de la casa, llorando desconsoladamente.
“¿¿Qué pasó??” preguntó, desconcertada por la situación.
“Juntá todo. Me citaron como piloto y me transfirieron a la Base de Morón. Salimos mañana” le contestó con voz lúgubre su padre.  Atónita y con incipientes lágrimas brotando en sus ojos, estuvo por largos segundos mirando a su padre. “Juntá todo. Es una orden”. Y su hija obedeció.

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